TRAS LOS BASTIDORES DE LA COMUNICACIÓN. Frank G. Rubio

peligrotvtrabajandogde80¿Tiene que interponerse el arte entre nosotros y la naturaleza para aminorar los horrores que esta nos causa?   Ernesto Grassi.

Los medios de comunicación de masas pueden entenderse como estrategias para la dominación de la realidad. Prensa, Cine, Radio, Televisión, Internet son, no sólo vectores de comunicación presuntamente: objetiva, neutral y democrática, sino artilugios eficaces para la desinformación y la propaganda. Más allá de los corifeos que ensalzan el papel imprescindible de los “mass media” en la gestión política y cultural de nuestras sociedades, la realidad es muy otra. Thomas Jefferson, defensor acérrimo de la libertad de prensa, llegó a decir:

Prefiero periódicos sin gobierno a un gobierno sin periódicos.

Y más tarde, por experiencia, apostilló:

El hombre que nunca mira un periódico está mejor informado que el que los lee, de la misma manera que aquel que no sabe nada está más cerca de la verdad que aquel cuyo espíritu está atiborrado de falsedades y errores.

Y estábamos a finales del siglo XVIII, donde aún no existía prácticamente el marketing y desde entonces no ha caído precisamente maná del cielo con relación a la comunicación. Porque la realidad medial es muy anterior a los medios electrónicos. Un cuadro o un libro son predecesores de periódicos o noticiarios televisivos pero con mucho menor potencial de alcance e impregnación. En los “mass media” la función reproductora o mimética de lo real se complementa con el comentario. En el cine mudo la música tocada en directo ocultaba el chirrido insectoidal  del proyector, su repelente y significativo zumbido mecánico, y encauzaba mágicamente el proceso de identificación de los espectadores con lo proyectado; sin olvidar el enlace que entre las imágenes aportaban carteles con texto escrito.

El comentario siempre confiere carga emocional. Probemos a ver un noticiero sin sonido y notaremos cómo pierde impacto el mensaje, sea cual sea, que la cadena en cuestión quiere hacer llegar al receptor. Generalmente un conglomerado de imágenes seleccionadas con comentarios ideológicos expuestos desde posiciones “objetivas, “humanitarias” y en España, claro está, “democráticas”.

Diversos experimentos han mostrado que las impresiones de sentimientos proporcionadas por los “medios” permanecen estables durante más tiempo de lo que los contenidos del saber permanecen vivos en la memoria. Tanto la Televisión como el Cine son anti-intelectuales y tribales en esencia, con todas  las precisiones de rigor que se quiera hacer citando diferencias de enfoque y estilo. Por lo tanto los “mass media” son, por encima de todo, medios de desinformación e inhibidores de la reflexión. Imprescindibles pues para la gestión de las muchedumbres en las modernas democracias.

Teniendo la sartén por el mango mediática casi cualquier cosa puede hacerse pasar por más verdadera que la verdad, debido a esta posibilidad de insertar lo emocional en la imagen en movimiento cuidadosamente procesada. Podemos, es decir: pueden.

En el 11S o el 11M lo que cuenta para la bovina audiencia, la que vota, compra, se manifiesta y muere (la masa turulata), es ese impacto. Que no le vengan con argumentos porque ni los va a escuchar, ni les va a dar prioridad alguna sobre esa primera impresión que le han creado los simulacros pertinentes elaborados por los que toman las decisiones de programación.

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Y pensamos que los políticos son los malos de la película…cuando la película no la hacen ellos y no tenemos ni idea, o muy escasa, de los auténticos generadores del régimen de comunicación, de simulación más bien, que hace accesibles a estos repelentes polichinelas a nuestros odios o amores. Hay una realidad medial, constituida por el entorno y los engranajes de los “media”, de la que recibimos muy escasa información y que obviamente es esencial para comprender la manipulación de la realidad cotidiana que propenden a realizar estos entes colectivos; hoy autenticas burocracias corporativas a la búsqueda supuesta de nuestro “bienestar” y nuestra “libertad”.

Que la realidad es infinitamente diversa y la percepción es selectiva, que mediante el encauzamiento de la atención seleccionamos lo significativo en diversas situaciones y momentos, no significa que debamos dejar en manos de otros nuestra relación con el entorno o con nosotros mismos. Ya sean estos otros: periódicos de gran tirada, ministerios de propaganda o gurúes de la comunicación alternativa. Y obviamente no significa que todo valga, ni en el plano fáctico, ni en el estético.

La captación y domesticación de la realidad, más bien los intentos más o menos exitosos de conseguir esto mediante la imagen, nos retrotraen a la magia de caza de nuestros ancestros. Adiestrados durante miles de años en captar la imagen en movimiento de las presas o de los depredadores. Sobre estas estructuras biogenéticas de matiz perceptivo se sobrepone el entramado mediático, deseoso de condicionar e influir recurriendo a estructuras arcaicas de corte comportamental y psicológico. Lo que permitió sobrevivir en un medio hostil a nuestros antepasados ahora se usa descaradamente para sumirnos en una somnolencia dirigida.

indalo_002Pasé hace meses unos días en Vélez-Rubio, una pequeña y más que simpática localidad almeriense lindante con Murcia; visité la Cueva de los Letreros cercana a Vélez-Blanco, localidad distante seis kilómetros, de donde es original la imagen conocida como Índalo. Esta figura procedente de la Edad del Cobre representa una figura humana con los brazos extendidos y un semicírculo sobre sus manos (¿el arco iris? ¿un arquero apuntando a un ave?) Hoy es “logo” turístico de la provincia de Almería. El símbolo que seguramente hacía referencia a aspectos numinosos y sagrados  ha devenido signo de una marca relacionada con la inmundicia masiva y aculturadora que denominamos “turismo”. El comentario de que todos podemos ser turistas como el de que todos podemos ser votantes sólo me produce nausea. Descubierto en 1868 el yacimiento rupestre, sin embargo la imagen era conocida desde hacía siglos principalmente en Mojácar como emblema portador de buena suerte: se pintaba con almagre en las casas para evitar el mal de ojo. A mediados del siglo XX Jesús de Perceval lo convirtió en enseña de un movimiento artístico y pictórico que supuesta y poéticamente representaba la cosmovisión almeriense. Como podemos ver un mismo pictograma, supuestamente producto de la magia cinegética en sus orígenes, se prolonga en usos dispares: protectores, estéticos o de marca promotora de turismo.

De la magia  a la “superstición”, luego al Arte Moderno y de ahí al lavado de cerebro generalizado: la propaganda y el marketing. Todo un circuito de inversión y degradación simbólica a mayor gloria de la turba ilustrada y sus “comisariales” y “emprendedores” próceres.

Y esto mismo es verdad de todo aquello que busca vehicular, masiva y electrónicamente, a través de representaciones icónicas o conceptuales determinadas narrativas sobre/contra o sutilmente distorsionante/s de “lo real”.

El Arte comenzó siendo mímesis y, a la contra de los postulados de las vanguardias, el cine (como la fotografía que le precedió) siguió el camino mágico de esta estrategia ancestral. Se busca la esencia en las representaciones, tanto figurativas como abstractas, quizás para mejor conjurar el caos de la Naturaleza o mejor pavimentar el terreno para imponer a los otros y a esta última nuestra voluntad. O quizás mejor, quiero suponer, como soporte de experiencias cognitivas y espirituales hoy inasequibles al becerro bípedo que mayoritariamente anega el espacio terrestre.

Sin olvidar que en toda recepción de información hay también proyección desde el interior del perceptor.

Los “mass media” más que el Arte Moderno, ya en un callejón sin salida por la ofuscación de sus practicantes (meros y desangelados epígonos cuya ignorancia  en la mayor parte de los casos de los rudimentos básicos y habilidades de sus respectivas prácticas artísticas es palpable), son hoy determinantes del modo de ver el mundo de la mayor parte del personal.
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Suprimidas las distancias espaciales, sociales y simbólicas, tergiversado el tiempo mismo experiencial, la desorientación y el miedo se adueñarán de las poblaciones urbanas y el gran telón de la Tiniebla Universal[1] que el Anarca de Alexander Pope dejase caer al final del Dunciad se extenderá sobre la Tierra. Y no habrá gran alegría.

Pronto el cine será emitido como paquetes de información, tanto a las salas como a los hogares conectados por fibra óptica, a través de las redes de satélites orbitales. Se habrá completado un ciclo. Y recordad que Neo, el odioso mesías ficticio de Matrix, es también Near Earth Object sinónimo de asteroide errante.

¿Qué vendrá después?

La Edad Media aún no ha terminado.

¿Por qué el hombre no ve las cosas? Porque él mismo está en medio: él mismo tapa las cosas.

Nietzsche.

 

[1]              Quizás sea la Gran Ignorancia de la que hablaba el alejandrino Basílides en el siglo II d. C.

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